Por qué compramos con lo ojos y lloramos con la cartera

El otro día estuve jugando a Valorant. Entre partida y partida, me cambiaba de skin, hasta que me topé con una skin que compré porque visualmente es preociosa: Evori  Dreamwing. Mascotas mágicas, colores pastel y una estética magical girl que parece diseñada para hipnotizarte. Sin pensarlo mucho la compré, gastándome casi 30€ en ella.

En un principio me encantaba. Estaba enganchadísma a ella, aunque no diera ni una (no soy yo es la skin). Pero, al cabo de una semana, me cansó. Finisher aburrido, sonido de disparo demasiado ruidoso, mucho brilli-brilli… Vaya que me gasté el dinero a lo tonto, pero al menos estuve feliz por una semana.

comemos-por-los-ojos

Esto me hizo pensar en como hoy en día la gente «come por los ojos» más que nunca. En redes sociales me he dado cuenta de una cosa: si no es estético la gente no interactúa. Esto ocurre en todos los ámbitos, hasta físicamente; aunque algo no funcione pero tiene iconos bonitos, le vamos a dar una oportunidad.

Como futura diseñadora gráfica esto fue una lección de humildad: el diseño es el gancho. Nos han educado durante toda nuestra vida para juzgar un libro por su portada porque, en un mundo donde ahora la gente lo quiere todo en x2, no tenemos tiempo para leer un resumen. El arte vende, eso por supuesto, pero de nada sirve si es un envoltorio precioso pero un producto mediocre. Y es que al final el diseño también tiene ese poder: nos hace caer una y otra vez, incluso cuando sabemos que hemos comprado algo inútil.

Aprendí la lección… al menos hasta que Riot Games saque otra skin igual.

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